Para la mayoría de nosotros, las preguntas «¿Cariño, te pasas a por leche?» y «Oye, ¿has terminado esa presentación?» suelen no dirigirse a la misma persona. Sin embargo, para las parejas en las que ambos son autónomos, este cambio de contexto es parte habitual del día a día.
Hablamos con varias parejas de freelancers para descubrir cómo es realmente compartir la vida con otro profesional independiente. ¡Puede que lo que descubrimos te sorprenda!
En este artículo profundizaremos en los siguientes temas:
Superando el reto de la vivienda
Cuando se busca inquilino, muchos propietarios en ciudades europeas siguen viendo el contrato indefinido como el santo grial. En París, por ejemplo, puede que tengas que demostrar ingresos de al menos el triple del alquiler para acceder a un piso. Marion Giroudon, mentora de freelancers y consultora de estrategia digital, cuenta que ya trabajaba por cuenta propia cuando ella y su esposa intentaron alquilar una vivienda en Francia: su esposa tenía contrato indefinido, pero no ambas, y eso generó ciertas dudas entre los posibles caseros. “La cuestión de la vivienda, en Francia, puede ser bastante compleja”, comenta Asli Ciyow, formadora en igualdad de género e interculturalidad, que ha vivido en varios países pero se ha instalado en Marsella con su pareja Nassim Merzouk, desarrollador de negocio y consultor en proyectos de impacto.
¿Cuál es entonces el secreto para conseguir un alquiler en Francia? “Cuando por fin encontramos nuestro primer apartamento en Limoges, el propietario también era emprendedor”, cuenta Nassim. Marion y su esposa vivieron algo similar: “Centramos la búsqueda en webs de alquiler entre particulares como PAP.fr y por fin dimos con una vivienda de propietario independiente, que no tenía miedo de nuestro estatus freelance.”
Compartir el espacio de trabajo
Cuando el hogar es también oficina, crear espacios dedicados permite que la vida profesional y la personal prosperen en armonía. En una entrevista con Marion en YouTube, la experta independiente en marketing y SEA Marine Lecart explicó que, aunque ella y su marido gestionan juntos su negocio, no están juntos las 24 horas: uno u otro sale a menudo a ver clientes o hacer recados. “A la gente le hace gracia, pero nosotros tenemos reuniones puntuales a lo largo de la semana, casi como si fuesen reuniones de equipo. Así evitamos hablar de trabajo todo el tiempo; hay un momento específico para ello.”
¿Y qué pasa con compartir físicamente una oficina? Cuando preguntamos esto a Asli y Nassim, respondieron: “¡Ya no!” Nassim ahora alquila un puesto en un espacio de coworking y Asli monta su despacho en casa. Para Marion y su esposa, tener despachos separados fue imprescindible al buscar casa: “¡Era un criterio clave en la búsqueda!” Raffaella y su marido hicieron lo mismo, aunque también por obligación, ya que su trabajo como psicoterapeuta requiere máxima privacidad.
Hace poco informamos de que muchos freelancers afirman luchar contra la soledad de forma habitual, y Marion señala que es agradable tener “a alguien más en casa para consultar dudas, proponer ideas y desahogarse cuando toca lidiar con una situación molesta, igual que harías con un compañero de oficina.” Raffaella cuenta que su marido “se pasa a menudo por mi despacho a charlar, preguntar qué prepara para cenar, comentar alguna noticia o achuchar al gato.”
Gestión del dinero
Gestionar las finanzas juntos ofrece a las parejas freelance la posibilidad de crear un sistema propio: usar su creatividad para estructurarse, respetando el carácter variable del negocio autónomo.
El concepto de “quien trae el pan a casa” realmente no existe en estas parejas, muchas de las cuales destacan ingresos irregulares. Marion lo explica así: “La balanza ya ha cambiado de lado varias veces a lo largo de nuestra relación.” Para simplificar las cuentas, reparten los gastos mensuales al 50%, pero para los grandes (vacaciones, boda, FIV, entrada de la casa, reformas), aporta más quien más gana en ese momento.
En el caso de Marine y su marido, al llevar el negocio juntos, reparten todo a partes iguales. “No tenemos que negociar el salario entre nosotros”, comenta entre risas.
Sin embargo, Rafaella y su marido comenzaron su relación siendo ya financieramente independientes. “Tenemos una hoja de cálculo donde apuntamos los gastos comunes como alquiler o compra,” explica. “Luego gestionamos por separado los gastos personales y profesionales,” presentando también de forma individual la declaración de la renta.
Cuando llegan los hijos
Criar hijos conlleva sus propios sobresaltos: enfermedades o días de huelga en la guardería o el colegio, por ejemplo. ¿Quién se encarga entonces? “Para nosotros depende del impacto en el negocio: el que pueda reorganizar su agenda con más facilidad es quien se encarga del peque si se pone malo,” explica Marine.
Asli y Nassim, antes incluso de ser padres, ya tenían una agenda de pareja “equivalente a la de un jefe de Estado…” Cuando era bebé, solían hacer viajes familiares de trabajo acompañando a Asli, que viaja mucho como formadora profesional. “Por eso le encanta viajar en tren,” dice Nassim. Ahora que ya está escolarizado, “tuvimos que crear un color nuevo en el calendario compartido,” bromea Asli.
Compaginar una carrera en auge con la vida familiar es ese puzzle satisfactorio que muchas parejas autónomas resuelven con creatividad. Según Marion, de hecho, la maternidad le ayudó a marcar mejor los límites: “tener hijos facilitó la separación de trabajo y familia”, ya que la obligó a centrarse en su jornada y cortar a la hora de recoger a los niños del cole.
El poder freelance por partida doble
Tal vez porque nunca sabes de dónde llegará el siguiente ingreso, quienes triunfan como freelancers suelen ser personas muy resilientes. Por eso no sorprende que desde fuera se piense que una pareja freelance supone el doble de complicaciones, pero lo que solemos ver es que ¡es más bien el doble de diversión! Más que compartir un compañero en casa, a menudo es como tener a tu cómplice: la verdadera ventaja es el entendimiento mutuo. Como resume Nassim: “Sé que puedo pedirle a Asli feedback específico según su experiencia, y a la inversa.”
Estas parejas se alegran de tener en casa a alguien que realmente comprende las realidades tan específicas —y a menudo contraintuitivas— de la vida freelance: la oscilación financiera, la importancia de trazar límites y la búsqueda de un espacio que se sienta verdaderamente hogar. Tienen con quién compartir dudas sobre asuntos profesionales complejos, alguien que conoce sus puntos fuertes y áreas de mejora y puede señalarlos sin tensión. Al final del día, tener a tu lado a quien habla tu mismo lenguaje profesional no solo hace que el trabajo sea más llevadero, sino que los logros se saborean mucho más.